El gran despertar hipócrita

Las cuatro esquinas del mundo

Es curioso, y retrospectivamente inevitable, que ese producto puramente marquetinero de la supuesta democracia directa articulada en forma de likes y votos a favor o en contra en redes sociales o plataformas similares, se haya terminado trasladando a cuestiones de mucha mayor gravedad que parecían intocables. Cuando le vendes al público que desaparecen los intermediarios y que es él, el «hombre de a pie», el que decide quién va a Eurovisión o a quién expulsan de un reality, a ver quién es el guapo que no cae en la tentación de usar ese mismo procedimiento para imponer una determinada política, ideología o decisión.

La tecnología es la que ha favorecido la expansión enloquecida y embrutecida de este tipo de procedimientos, aunque el fenómeno sea tan viejo como la humanidad. Hace décadas la única medida era la audiencia, pero el espectador, por más que insultase a un personaje odiado al…

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